VENTOSO, Luís, (2013), “La igualdad de género en Stung Treng”, ABC, 6/04/2013.

«Camboya arrastra todavía muchos problemas: pobreza, malnutrición, abusos a menores, epidemias tropicales.… Afortunadamente, hubo un filántropo español que se acordó de aquellas ignotas tierras y echó una mano. Pero no para ocuparse de la pobreza, los niños y las enfermedades. No. A nuestro filántropo le preocupaba algo que a su buen juicio era más grave: ¿Se estaba observando la igualdad de género en Stung Treng? ¿Se cuidaban los vecinos de aquel confín de Camboya de decir «las camboyanas y camboyanos», como es preceptivo, o empleaban en genérico machista «los camboyanos», haciendo gala de un sexismo rampante? ¿Las niñas jugaban con muñecas y los niños con pistolas de agua, repitiendo rancios roles antediluvianos?

Para atajar el problemón, nuestro filántropo decidió dedicar 150.200 euros a promover «la igualdad de género en 15 aldeas de la zona de Ramsar, en la provincia de Stung Treng». Lo escribió en el BOE en el año 2011 y lo pagamos usted y yo, porque el filántropo se llamaba José Luis Rodríguez Zapatero. Aquel año, cuando ya chapoteábamos en la ciénaga, cuando Merkel y Obama forzaban al estadista leonés a hacer reformas porque bordeábamos el coma, José Luis concedió una segunda ayuda a Camboya: 150.000 euros para un «Observatorio de Género».

«En Stung Treng se supone que la igualdad de género va como un tiro. Ay, José Luis….»

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«CONFIESO que la primera vez que me hablaron de Stung Treng me pillaron en la inopia. Fue un poco vergonzoso, pues no sabía si se trataba de un nuevo baile coreano, de un arte marcial exótico o de una de esas bebidas «energizantes», que te dejan insomne y espídico hasta bien rayada el alba. San Google, siempre al quite, aclaró la situación: Stung Treng resultó ser una provincia del noreste de Camboya, a orillas del río Mekong y fronteriza con Laos. Su población es escasa, unos 112.000 habitantes, y no cae muy a mano. Stung Treng se encuentra a unos 11.000 kilómetros de España. Se tardaría unas 13 horas en volar allí. Camboya, un país que sufrió el tremebundo genocidio del Jemer Rojo, comienza a despegar y a beneficiarse del turismo. Pero Stung Treng tampoco es que ofrezca mucha cosa. Son elogiadas sus puestas de sol. Se puede curiosear por sus mercados y desayunar los típicos fideos de la comida khmer. Cabe sentarse al lado del río, a ver pasar la vida y soplarse una Angkor Beer, la cerveza local. Poco más.

Mi rápido bosquejo de Stung Treng podría ser tildado de frívolo. Aunque el PIB indochino crece a un ritmo que nos haría suspirar de envidia, Camboya arrastra todavía muchos problemas: pobreza, malnutrición, abusos a menores, epidemias tropicales.… Afortunadamente, hubo un filántropo español que se acordó de aquellas ignotas tierras y echó una mano. Pero no para ocuparse de la pobreza, los niños y las enfermedades. No. A nuestro filántropo le preocupaba algo que a su buen juicio era más grave: ¿Se estaba observando la igualdad de género en Stung Treng? ¿Se cuidaban los vecinos de aquel confín de Camboya de decir «las camboyanas y camboyanos», como es preceptivo, o empleaban en genérico machista «los camboyanos», haciendo gala de un sexismo rampante? ¿Las niñas jugaban con muñecas y los niños con pistolas de agua, repitiendo rancios roles antediluvianos? Para atajar el problemón, nuestro filántropo decidió dedicar 150.200 euros a promover «la igualdad de género en 15 aldeas de la zona de Ramsar, en la provincia de Stung Treng». Lo escribió en el BOE en el año 2011 y lo pagamos usted y yo, porque el filántropo se llamaba José Luis Rodríguez Zapatero. Aquel año, cuando ya chapoteábamos en la ciénaga, cuando Merkel y Obama forzaban al estadista leonés a hacer reformas porque bordeábamos el coma, José Luis concedió una segunda ayuda a Camboya: 150.000 euros para un «Observatorio de Género».Y hubo más, mucho más: 146.000 euros para la asociación Rabinos para los Derechos Humanos; 30.000 euros para la Asociación Extremeña de Cooperación con la Amazonía; 200.000 euracos para la «adaptación al cambio climático de agricultores minifundistas en riesgo del Valle del Jordán»; 128.000 para «favorecer la banca móvil en Gambia» y 200.000 para impulsar «la cohesión social en la comunidad transacional cubana», lo cual no se sabe qué es, pero desde luego cuesta una pasta…. No sigo, porque podrán leerlo mañana al detalle en un excelente reportaje de Susana Alcelay y María Jesús Pérez en el suplemento «Empresa» de ABC.

Colofón. Huelga decir que nadie hace «escrache» frente a la casa del filántropo que tanto ayudó a quebrar las arcas públicas españolas. En Stung Treng se supone que la igualdad de género va como en tiro. Los Rabinos por los Derechos Humanos todavía brindan con champán. Los minifundistas del Valle del Jordán están ingresados con un ataque de carcajada y los cubanos «transacionales» bailan guaracha y danzón en medio de un desatado alborozo caribeño. Ay, José Luis….»

Enlaces: http://www.abc.es/historico-opinion/index.asp?ff=20130406&idn=151115775746